sábado, 1 de octubre de 2016

DE AMORES Y TEMORES. CRÓNICAS NEOYORQUINAS, DE HILARIO BARRERO

 Y despacio, buscando la sombra, mirando la luz
que corta la acera en dos, camino a casa.

De amores y temores, H. BARRERO. Llibros del Pexe (2005)


De Hilario Barrero (Toledo, 1948) conocía principalmente su poesía, y más en concreto In tempore belli, un sobrio poemario con el que obtuvo en 1998 el Premio de Poesía Gastón Baquero, editándose un año más tarde. Los poemas que componen el poemario resultan ciertamente barrocos, con un evidente tono  elegíaco y poso oscuro. 

¿Cómo vivir de ser el contemplado a contemplar,  
de vender su hermosura a tener que comprarla,  
de ser incendio a estar petrificado,  
rebosante de vida a sentirse cadáver?

«In tempore belli» (In tempore belli, 1999)

El poeta, que vive en Nueva York desde 1978, se presentó al premio bajo el pseudónimo de Arcipreste de Brulin. Años después volví a saber de él, con la aparición de Lengua de madera, una antología de poesía breve en lengua inglesa traducida por Barrero, y que es una auténtica delicia. 

Hilario Barrero (Toledo, 1948)
Las redes sociales tienen aspectos profundamente negativos, pero otros resultan generosamente agradables. Y a través de una de éstas, le solicité amistad a Hilario Barrero, y él, con su bonhomía machadiana que incluso se percibe en el irreal mundo virtual, la aceptó, sin conocerme, aunque con tantos amigos «incorpóreos» es normal que él no sepa de mi existencia ni de muchas otras. En el último año he seguido con creciente interés sus publicaciones virtuales, brevísimos comentarios acompañados de fotografías, simulando ser haikus en prosa, las entradas de su blog, y sus sugerentes y mágicas ilustraciones: ¡he caído enamorado con las líneas, formas y colorido de sus dibujos! 

Al aire de tu vuelo

Al salir de su casa la luz se ha nublado y parece que va a llover. Dicen que es tiempo de huracanes.
 
Contacté hace una semana con el poeta navarro Alfredo Rodríguez, un especialista en diarios, dietarios, literatura epistolar, libros de memorias y similares, para que me recomendase algunos títulos de Barrero, y gracias a sus acertados consejos me he iniciado en sus diarios, comenzando por De amores y temores (2005), que cronológicamente es el segundo de ellos.

La ciudad de Nueva York es la principal protagonista de este y del resto de diarios, que salen a la luz cada dos años. En De amores y temores brota una y otra vez el recuerdo impetuoso de los atentados del 11 de septiembre, ocurrido apenas cuatro meses antes que diese comienzo el libro; y la imagen semiperpetua de aquellos días es terca, renaciendo con la ausencia de personas, de edificios, de hábitos y costumbres: el dolor hiende como una navaja aguzada. Como contraposición, hacen acto de presencia las bondades y exquisiteces de Nueva York: los paisajes, el (ahora mutilado) skyline, las conversaciones y reuniones con los pobladores nativos o adoptados por la gigantesca urbe (demostrando que a pesar de todo, no es tan desangelada como pudiera indicar su desmesura), las librerías de viejo y sus libros, las tiendas de comestibles... Y como contrapunto al contrapunto, los recuerdos de infancia y juventud de su Toledo natal.

En De amores y temores sus páginas exudan sensibilidad y romanticismo hasta por los bordes de las hojas. Describe y se recrea en el detalle; labra sobre el papel la metamorfosis de la luz derramándose sobre la infinita ciudad con una minuciosidad exquisita, cual Eliot o Dante moderno. ¡Qué bellísimas y plásticas descripciones de la luminiscencia cayendo en Nueva York! Barrero debería recopilar todos sus escritos sobre la luz para publicar un libro acerca de este tema; y otro con todas sus ilustraciones, grabados y dibujos. 

He vuelto a ver el cuervo sobre el edificio de enfrente. Así, reposando, parecía un bulto negro y deshuesado, sólo unas plumas que brillaban mojadas con la lluvia de la mañana. 

He dejado el libro profusamente subrayado (y leído en tres días); acaso hubiese sido más fácil anotarlo todo, pues sus descripciones las merecían. La vida pasada, la futura, la vejez, o el amor, dan pie a profundas reflexiones filosóficas. Demuestra de paso Barrero ser experto en el mundo de la ópera, sus cantantes, conciertos legendarios, música y libretos, y un deleite sus comentarios sobre poetas y poesía.

Pensaba esta tarde en la magia de la poesía, en la imposibilidad de definirla, de explicar cómo y por qué se escribe un poema.

Me siento identificado en esos aspectos pequeños, que para otros podrían ser insignificantes; me reconozco en sus descripciones y en la forma de disfrutar de los detalles: la visita a una librería de libros viejos, buscando poemarios, un té en una cafetería agradable, un paseo, el paisaje cambiante durante un trayecto en tren. Me resulta curioso que ese es también el estilo que le imprimo a mis diarios de Ámsterdam en este mismo blog. La literatura es esa manifestación artística de la que uno se enamora cuando te identificas con lo que se lee, pero incluso cuando no te identificas también; ahí radica su divino misterio.

Cae tan a plomo que la nieve es un campo de Castilla con una profundidad blanca y brillante.

Admito aquí que en ocasiones he curioseado en las redes sociales buscando sus bellos escritos que quizá me hubiese perdido, ansioso por leer sus delicadas frases y reflexiones, oteando como un voyeur digital al estilo de James Stewart en La ventana indiscreta, que precisamente tiene lugar en Greenwich Village.

Por la tarde comienza a nevar. Está la casa cálida, con luz de nieve entrando por la ventana. Huele a pan cocido y a manzanilla.  

Y si deciden viajar a Nueva York, no compren absurdas guías de viaje que les llevarán a lugares masificados en donde llegarán a encontrarse a su vecino del cuarto, o al compañero de trabajo; lean los diarios de Hilario Barrero, pues les descubrirá una ciudad diferente, íntima, y leerán a un autor de una sensibilidad extraña en los tiempos que vuelan. Palabras, de Barrero.

Butterfly
Miro la ventana y es casi de noche y sólo son las seis y media. Una lluvia persistente cae sobre los árboles llenos de vida y la gente que vuelve del trabajo cruza deprisa la calle.

* Todas las citas en cursiva pertenecen al diario De amores y temores. Viviendo en Nueva York [2002-2003], de H. BARRERO y editado por Llibros del Pexe (2005).

2 comentarios:

  1. Amigo Antonio. Soy un hombre madrugador. A las seis, nieve o haya sol, cante el pájaro de la madrugada o se escuche un silencio de alondra nevada, estoy en pie sacando filo al lápiz de la luz. Hoy, que llueve y está oscuro, me encuentro con este trabajo suyo y sale el sol. Muchas gracias por su mirada y su generosidad. Abrazos.

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    1. Gracias a ti, Hilario, por lo que describes y cómo lo escribes. Ante las tinieblas literarias, y la ausencia de luz, su escritura iliminaría hasta la noche más fría. Un fuerte abrazo.

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